miércoles, 23 de diciembre de 2009

Regalo a mi vampireza de pequeños pies


Cuenta la leyenda o la novela de Bram Stocker, que los vampiros se originaron en la historia del personaje real de Vlad Draculea "Vlad el Hijo del Demonio/Dragon" también llamado Vlad Tepes "el empalador”.
Este intrigante personaje, en teoría ficticio, el muerto vivo, nosferatu, ha atormentado mentes y jovencitas de cuentos y de las calles.
Ha perseguido vírgenes en laberintos de arbustos convertido en lobo, ha deambulado por el mundo y por la historia en cajas con tierra de su amado Cárpatos.
Seguramente todo el mundo duda de su existencia, lo vanalizan en películas de bajo presupuesto como un pervertido que es capaz de vender hasta la peluca por un sorbo de sangre de una muchachita desprotegida. Otros filmes, más vanguarditas, son capaces de figurarlo como un adicto totalmente entregado al vicio de la 0 negativo.
Era capaz de crear secuaces, seguidores adeptos, a quienes convidaba un poco de muerte. Generó según muchos mitos, ejércitos de muertos vivos que seguramente, aún deambulan por el mundo de los sueños y de las pesadillas.
Todo esto sin embargo llega en forma de relato, como si todo fuera una mentira de siglos, solamente alimentada a base de reediciones o de filmes hollywodenses de preciosos jovencitos luchando contra su ser vampiro.
Sin embargo, una noche de mala pata y cabezas partidas, conoci una auténtica vampireza. Con ojos de profundo fuego azul, ante los cuales cualquier mortal se perdería por instantes eternos. Con largos pelos negros, alborotados como la peor o la mejor de las noches. En el mismo momento que la descubrí, comenzó a succionarme mis miles o mis dos penas. Y sepultó, con su estridente y diabólica risa, en atúdes de pequeños pies, todo lo bueno que había en mí.
Y eso no está mal, porque sinceramente, era lo que andaba necesitando. Una trafusión de sangre, un cambio absoluto de venas.
Así, deambulamos miles de lunas, escapamos de otros tantos amaneceres, con la única compañía de la triste voz del extranjero Enrique.
Y aquí estamos ahora con mi vampireza, amigos de la noche, enemigos de Morfeo, bebiéndonos mutuamente las miserias, riéndonos del pasado y del futuro, acompañados de un fresco elixir, muy diferente a la pesada sangre de los vampiros de antaño y que hace tiempo nos corre por dentro, que hace siglos nos invadió y nos hace hervir las entrañas.

sábado, 28 de noviembre de 2009

NO PUEDE LLOVER TODO EL TIEMPO


Si en algo estuvimos de acuerdo desde el principio, es en la certeza de que no hay clima mejor que un día de lluvia. No compartimos ni el calor ni el frío, ni el sol, ni las nubes, ni la humedad, ni siquiera unos mates bajo un techo de chapa en una jornada lluviosa. Pero en algo somos compatibles y es en el gusto por la monótona revolución que significa la caída del agua.
Y vos sabés (te hablo así porque sos mi única destinataria) que no hay mejor metáfora que describa que nos pasa, que un día de tormenta. Sobretodo de las que se dan por estos tiempos de cambios climáticos, de cambios de ánimo, de cambios.
De movida nomás, ningún pronóstico hubiera acertado. El más encumbrado de los profetas climáticos nunca habría estado cerca de intuir lo que iba a suceder. Ni siquiera nosotros hubiéramos previsto semejante vendaval.
Esto comenzó como esas lluvias de verano, que después de una mañana agobiante desatan una serie de vientos que todo lo empujan, con pequeños huracanes que arrastran hojas, bolsas, corduras; tiñen enseguida el cielo del mejor de los plomos y preparan el ambiente aromatizándolo con fragancias de tierras húmedas.
Y cuando menos lo esperás, vuelcan sobre todos nosotros el abrazo de las gotas. Y a pesar de la oscuridad todo cobra vida.
Sin embargo así como empezó de prepo, termina sin que nadie avise. Alguien cierra el grifo y el instante de felicidad se evapora y sube desde el calor del asfalto sediento. Quizá con alguna tragedia, algún par de zapatos mojado, alguna ropa que quedó sin recoger, o un fuentón juntando una infame gotera.
Y es que sabés que no puede llover todo el tiempo, es lógico que algún día todo se detenga.
Pero como te dije un día, por vos le instalaría al mundo una ducha gigante para que el día que nosotros dispongamos, se desate de nuevo la furia de la lluvia, y el agua se lleve de a baldazos todo lo que no nos deja ser.

domingo, 1 de noviembre de 2009

EL PUCHO


Confieso que la idea no es para nada original. Es más, si es necesario, puedo citar de donde se me ocurrió esto de relatar mis experiencias con el amado y odiado cigarrillo. Pero quizá no sea de interés. Sólo puedo asegurar que este texto no es apto para no fumadores.
Mi primer experiencia sexual con un pucho fue a la temprana edad de 14 años, seguramente, los años en los que cualquiera se encuentra llevándose a la boca, entre otras cosas, ese delgado elemento (espero no se me malinterprete).
Digo sexual, porque no hay nada más erótico que una persona fumando, bien. No como esas ancianas de uñas largas y amarillas, de jetas pintadas rojo furia, que son capaces de pitar un Benson 100´s o un Jockey 120, sin tirar en todo el trayecto la totalidad de las cenizas.
Además, porque no puedo dejar de asociar las mil ideas que me genera, ver a una señorita disfrutando un cilindro nicotínico pitaminoso, dejando escapar el humo suavemente de sus labios, jugando con ese dios blanco con los dedos, golpeándolo con firmeza en algún cenicero.
En estos casi 16 años de relación con el pucho he pasado por todas las etapas imaginables o tal vez no; ahora, no estoy seguro, que muchos hayan tomado el coraje o hayan tenido el tiempo libre como para volcarlo en un papel.
Primer pitada y el seguido paso a la clandestinidad. Este es un momento crucial en la vida del fumador promedio. Una vez concretado el primer contacto con este amigo relleno de tabaco, son dos los caminos a seguir. Confesar el crimen cometido a los padres y abandonarlo, o seguir por la senda del ocultamiento, emprendiendo así, la adrenalínica tarea de permanecer como fumador en el anonimato.
Primeras confesiones y complicidad. Siempre la confesión ante un pariente cercano de la caída en uno de los vicios más antiguos de la humanidad implica, seguramente, haber sido pescado in fraganti. Esto da paso a un reconocimiento y quizá, un mea culpa, pero cierto alivio al saber que alguien más comparte nuestro secreto, más allá de los compañeros de fumata.
La madurez. Ya los atados se han ido acumulando, las pitadas a hurtadillas en los baños ya no son lo que eran y el bando impregnado en la ropa, el pelo, los ojos, es indisimulable, sobretodo después de una noche de parranda. Por tanto uno se asume amante del humo y sobreviene una etapa donde el número de puchos se incrementa de manera directamente proporcional a las horas sin dormir. Y confesamos una y otra vez que no hay vicio, que los cartones que pasan son nada más que porque nos gusta y que podemos dejarlo cuando sea.
Procuro olvidarte. Y si, como todo aquello que nos hace tan mal como bien, intentamos dejarlo y siempre vuelve. Nos recomiendan los médicos, los amigos, los chamanes, los amores, los compañeros del futbol, las leyes, todos nos dicen que hay que dejarlo. Y hacemos vanos ensayos en abandonarlo, pero el pucho nos mira desde las cigarreras pidiendo por favor una ronda más.
Y en este momento me encuentro, amagando con dejarte pucho querido. Faso compañero. Pero soy conciente que te aferraste a mi con tus nicotímicas manos, me arañas con tu aroma todos los días. En la calle, en el bar. Y amago con abandonarte y es solo eso, una gambeta, corta.
Basta, no hay con que darle, me voy a prender un pucho.

jueves, 22 de octubre de 2009

NO ME OLVIDES


No me olvides leyó y la incomprensión ante esa corta y contundente frase dijo presente. No me olvides decía la fría y blanca pantalla del celular y de la misma superficie de su triste alma salieron todas las fotos de ella.
No me olvides fue la proposición para que el siguiera recordándola por siempre.
Si alguna vez pensó en tratar de borrarla de su vida, cada vez que veía la veta para lograrlo algo se la traía de vuelta.
No me olvides insistía el teléfono.
Como te va a olvidar si lo primero que ve cuando despierta es tu rostro borroso por los ojos recién abiertos.
Como te va a olvidar si es lo primero que quiere encontrar cuando sale a recorrer las frías y empinadas calles.
Como te va a olvidar si en la profunda oscuridad de la noche divaga con encontrarte fumando en una esquina bajo la luz amarilla.
Como te va a olvidar si hasta en los sueños rondas haciéndote la indiferente, mirando a la nada llena de pestañas.
Como te va a olvidar si le dejaste una marca que nunca se disolverá así pasen mil generaciones y hectolitros de cerveza.
Como te va a olvidar si te juró entre millones de cosas que no se va a morir sin antes probar tus besos.
No me olvides reiteraba el teléfono y fue el mensaje que jamás contestó.

viernes, 16 de octubre de 2009

EN EL PUEBLO DE LOS OJALASES


Esta es una breve historia que transcurre en un pueblo que existe. Este es el relato que acontece en una ciudad que sólo reside en algún lugar del mapa del mundo paralelo al nuestro. Es un paraje donde todo lo que no sucede aquí, ahí pasa.
No es un lugar de fantasía, insisto que existe, solamente es muy difícil y es casi una quimera encontrar su camino.
Exploradores y adelantados han escrito detalladas instrucciones para llegar, pero esas líneas de mentiras se han perdido en el tiempo, ya que nadie las cree. Algunos malvivientes y forajidos, escapando a las normas establecidas de nuestro mundo aseguran que lo visitaron y han dibujado mapas amarillos con intrincadas rutas para llegar. Pero esas cartas deben estar guardadas en alguna biblioteca sin puertas, totalmente desordenada y al borde del caos, ya que nadie las ha visto.
Parece en realidad, que nadie lo conoce fehacientemente; no se han encontrado registros de que alguien haya estado allí. Sin embargo es muy probable que todos alguna vez, hayamos pasado sin saberlo.
Este pueblo tiene la particularidad de ser el lugar donde todas las desilusiones son ilusión, donde los miles de desamores se desarman en pasión, donde los no ser y lo no nos dejan ser no tienen lugar y donde las frases desencontradas, siguen una línea coherente al corazón.
No es un lugar ni soleado ni gris, guarda en si mismo un clima único, que alterna de acuerdo al deseo de sus habitantes noches de calor, tardes de lluvia, mañanas de frío y madrugadas esperando el sol.
Es un sitio donde hay montañas plenas de verde, barrancas floreadas y llenas de animales extraños, con villas completas de nosotros y desiertos llenos de palabras escuchadas y dichas al oído una y otra vez.
Hay, como en todos lados, pensamientos poco trascendentes, pero que se cumplen al pie de lo esperado.
“Ojalá me llame por teléfono”, y la frase da paso al estridente ringtone de un celular que hace que los enamorados puedan confesarse una a una las promesas incumplidas.
“Ojalá fuera mejor jugador de fútbol”, y el peor de los pataduras se levanta del césped, elude a cuatro rivales y deja durmiendo la pelota bajo el techo de piolas, ante la atónita mirada de un viejo relator.
“Ojalá pueda decirle lo que siento”, y el más grande de los farsantes suelta la pluma llena de verdades como nunca antes pudo, redactando la más sincera de las cartas de amor.
Entre los pobladores hay uno que dice “Ojalá pudiera ir volando a su ventana, darle un beso en la cara y hasta por la mañana llenarle de caricias sin que se despertara”. Y como por arte de magia, emprende un vuelo directo hasta una claraboya que no sólo permite el paso de la luz, sino que se destruye totalmente, dejándolo entrar y cumpliéndole sus deseos en cada amanecer.
Hay una hermosa mujer que piensa “Ojala fueras aire para colarte entre mis rejas”, con el inmediato efecto de transformar en suspiro a su amante, dándole la oportunidad de ingresar a su casa con el sigilo con el que se arma el humo del cigarrillo y con la eternidad de su constante apetito.
Los dos al unísono se dicen, “Ojalá existiera un mundo paralelo donde podamos estar juntos” y con soltar al viento esa sola idea, dan origen a este relato.

lunes, 12 de octubre de 2009

LA VUELTA II


Fui un nueve que se creia retirado. Arrastrando miles de lesiones tuve muy buenos partidos. Otros no la vi ni pasar.
Un día fiché para un equipo en el cual volqué todos mis deseos.
Pintaba para campeón, para goleador. Pero no pintó ni una copa.
Sólo muchos vasos. Muchas derrotas y penales en contra.
Capeaba la tormenta con el apoyo de la tribuna. Pero después de una rotura de ligamentos firmé mi despedida.
Fui un nueve que se creia retirado. Pero me rescataron del fondo del banco de suplentes. Me sacaron de una concentración apartado del plantel.
Sólo peleo el descenso, pero estoy para la lucha. Soy un optimista del gol.
Esta es mi vuelta.

miércoles, 7 de octubre de 2009

A LOS OJOS


La lluvia los mojó por completo. El vapor subía por sus espaldas. La última corrida los dejó exhaustos, pero no fue impedimento para seguir.
Con el ultimo aliento de un cigarrillo negro el dijo “regalame tu sonrisa que la lluvia es brisa y el frío pasión” y ella ya no pudo mirarlo más a los ojos.
Dejó su estela de tabaco y perfume barato flotando entre las finas gotas que nacían después de golpear en las hojas que aún quedaban en el árbol de la esquina.
Y así como resonaron sus susurros en la mente, la imagen ausente del hombre que dijo esas palabras quedó impregnada en ella.
Entonces, salió a buscarlo por mil barrios grises, todos iguales, nacidos de un cuento circular.
Visitó todos los bares y fondas humeantes y espesas, perdidas en cada ochava de esos parajes llenos de don nadies y altaneros.
Recorrió uno por uno los sitios más exóticos y lejanos de este y del otro mundo, de arriba, de abajo y de adentro también.
Iba con los ojos bien cerrados, haciendo un esfuerzo para mantenerlos así, arrugando el ceño, sabiendo que solo con el aroma dejado en esa esquina lo reconocería al instante.
Pero no. Chocó con todos esos don nadies, que la abrazaban, le decían mil mentiras, le recitaban los peores versos jamás escritos y pretendían sacarle a esa boca los besos que no les pertenecían. Después, ante el fracaso, se burlaban de ella por su insistencia en la búsqueda.
Los otros personajes, se hacían los desentendidos, sin aportar ningún dato. Mirándola indiferentes, dejándola ir sin percatarse de la belleza que tenían enfrente.
Para peor de las cosas, muchas veces le pasó reconocer el aroma, para luego entrar en razón que hay muchos que pitan negro y ese perfume era de lo más común.
Y así estuvo, casi dos décadas, yirando, dando vueltas por la infinidad de los horizontes, rebotando en los límites de la locura.
Un buen día, cansada de tanto rodar, con frío por tantos cuervos caídos del cielo, recordó esos ojos que no pudo seguir mirando y encontró la pista que le faltaba para hallarlo. De solo imaginarlos comenzó a sentir el olor a cigarrillo negro y perfume barato.
Decidió entonces abrir sus párpados y ahí estaban. Profundos, marrones, verdes, que extraña fusión de colores, negros. Ahí estaban frente a ella y le dijeron “regalame tu sonrisa que la lluvia es brisa y el frío pasión”. Sonrió y nunca más dejó de mirarlos.

sábado, 3 de octubre de 2009

LOS NADA


Hace unos días volvieron a aparecer los nada. Hace unos días los cuervos volvieron a caer del cielo como si ya no hubiera suficiente. Se hicieron presentes en el momento en que no los esperábamos. Sabíamos que en alguna circunstancia iban a aparecer, pero creo que nos sorprendieron con la guardia baja. Estaban agazapados como andan siempre, fieras horribles impregnadas de vacíos.
Hablar de ellos es como que les da una entidad más importante de la que realmente tienen. Son nada. No habría que gastar caracteres en ellos. Pero ellos gastan sus perdidos tiempos en nosotros.
Será que no tienen nada que aportar más que restarle alegrías a los pocos? Será que la envidia a la mínima felicidad ajena les hace destilar el veneno de sus bombas de sangre infectando todo lo que los rodea?
A que se entregan cuando no tienen algo peor que hacer? Qué tanto les interesamos? Qué oscuro deseo despertamos para que nos presten su inmunda atención?
Quién no se ha cruzado con estos sujetos emperrados en deshacer? Porque se esfuerzan en asfixiarnos?
Andan por ahí, rondando, hasta encontrar un rastro de luz para apagarla de un soplido y así satisfacer su mediocridad. Dedicados exclusivamente a destruir con una sonrisa hueca lo profundo de lo que hacemos.
Sinceramente y por fortuna, no hallaremos las respuestas. Porque es muy difícil que nos encuentren. Y porque somos de los que sentimos, pensamos, leemos, escribimos, queremos, armamos, creamos, hablamos, amamos y hacemos que valga la pena seguir respirando. Somos por decisión, todo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

DE COMPOSICIONES Y DESCOMPOSICIONES


En algunos pequeños momentos el escritor puede sentirse fuera de aquí. Descolgarse por completo de todo y sentirse pleno. Sin embargo esa felicidad no la detecta, donde se ha visto un escritor feliz, salvo que sea un best seller. Pero creo que la halla en esos pequeños momentos en los que no se da cuenta de que es él mismo y la espontaneidad le brota por los poros como el olor alcohol después de una noche de parranda. Considero que encuentra sosiego en dos instantes donde puede componer y descomponer, hacer y deshacer a su antojo, momento donde pude ser y dejar de ser, crear y recrear miles de flashes y destellos.
Sin sentido intentaba expresar algunos pensamientos aislados.
El proceso creativo, si es que existe, no cuadra en vos, es una especia de presa que cede, y después de días meses y quizá años, suelta de un solo manotazo todo lo que tenía dentro. Por razones quizá incompresibles hasta para vos.
Me mira desconfiado. Sin embargo me propongo darle una mano, un empujón para que de el salga lo peor y lo mejor. Le brindaré algunas pistas que consuelen su necesidad de explicaciones, su búsqueda continua de la raíz que lo inspira. Esa musa esquiva que tanto poeta suelto anda buscando, que tanto músico crea para justificar una letra.
Se lo dije pero no me creyó.
Uno compone cuando se descompone, le lancé haciéndome el profundo y el tipo se rió en mi cara y sorbió otro trago.
Explicate mejor pibe que no me conmoviste ni un poco con eso.
Digo que creas cuando descrees de todo o cuando conseguís algo que te moviliza, que te genera una ansiedad por hacer. En tu peor momento puede llegar a salir tu mejor obra. Y cuando una mina te da vuelta de un sopapo, capaz que le escribís al amor de la manera que nadie lo hizo hasta el momento.
Y eso con que se come?
El sujeto se me estaba haciendo el difícil, se había dado cuenta que mi teoría hacía agua por todos lados.
Me pedí una Santa Fe como para matizar el momento, me mande casi de lleno el vaso, para tomar coraje y agarrando unos palitos salados le aseguré. Digo que un artista al estar convencido de que es feliz es muy difícil que genere algo, por el contrario la depresión, la soledad, los desamores, son la raíz de toda historia. Sino mirate vos.
Ya me clavó fija la mirada y no le gustó ni medio que lo pusiera de ejemplo.
Ya tenés canas, escribís al pedo porque nadie lo lee, salvo yo, que lo hago de onda. No te han publicado un cuento ni en un chicle Bazooka, no tenes un hijo y no plantaste un árbol. En síntesis, sos un fracasado espectacular, y por eso sos tan prolífico.
Cuando se paró pensé que me cruzaba la cara de una trompada, pero en cambio, sacó unas cuantas monedas y se puso a contarlas.
Por un momento pensé que estaba contando el poco dinero que tenía como muestra de su derrota como ser humano, en estos tiempos quien más tiene parece ser el más exitoso.
Sin embargo no, le hizo una seña al mozo y se encargó otra bebida. Cuando llegó su requerimiento, sorbió profundo, me miró y dijo.
Tas equivocado pibe, yo solo escribo por la bebida, me agarro unos pedos de aquellos y cazo el cuaderno y pongo lo que me sale.
Obnubilado por tanta sabiduría volcada en una corta sentencia, decidí irme con mi filosofía de tapial a otro lado. Y en el camino descubrí que es cierto que los locos y los borrachos siempre dicen la verdad. Uh, me siento descompuesto, creo que los palitos estaban viejos.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

MI NOVIA GRIS


Hace más de diez años que te dejé, que me fui un poco más lejos que de costumbre. Pasó más de una década desde que te abandoné por alguien distinto. Más grande, quizá más hermoso para la opinión de muchos, con más curvas incluso. Sin embargo nunca te olvidé.
Recuerdo que cuando me alejé de vos te juré volver. Fue una promesa sin fecha de vencimiento pero te aseguro que no debe faltar mucho para que llegue el día.
Con vos pasé todo y fuiste mi primera vez en cada una de las cosas. Debe ser por eso que tengo la certeza que volveré a vos, indefectiblemente.
Aunque me haga el difícil, aunque las circunstancias indiquen lo contrario, aunque los años y el mundo te cambien. Aunque el tiempo y los desamores me corrompan.
Fuiste mi primer cigarrillo, mi primer cerveza, mi primer amor. Mi primer sangría, mis noches de verano, mis mañanas de invierno. Fuiste un montón de gente, de amigos, de disputas. Fuiste una pila de errores, de odios, de metegoles.
Fuiste la Bety, la plaza, el campito. Fuiste los techos de tejas, los tanques en fila y las veredas anchas. Fuiste las calles plenas de azahares o lo que sean, fuiste la L, Loyola, Independiente, Atenas o Floresta.
Es increíble como me embarga la nostalgia, y soy capaz de subir a los techos a ver si al menos veo algo que se parezca a vos.
Se que como muchas en mi vida te quedaste esperando, me viste partir, me aguardarás volver. Esos arcos de tus ojos me vieron, las lágrimas de tu río me dejaron ir.
Pero siempre voy a pensar en volver a tu hormigón. Siempre vas a ser mi novia gris.

sábado, 19 de septiembre de 2009

PELO


Un día te conté de mi obsesión por el pelo. Ante tu sonrisa me di cuenta que era un libinidoso desquiciado por la cabellera femenina, más precisamente por la que cae sobre tus hombros. A partir de ese momento solo pude pensar en cuantas cosas se pueden hacer con unos cabellos negros como lo tuyos.
Primero y principal lo liberaría de las ataduras con las cuales día a día lo reprimes, en un vano esfuerzo dictatorial por indicarle al mismo, adonde debe quedarse.
Segundo, pero no menos importante, observaría detenidamente como, cuan propaganda de shampoo, se deja vencer o no por la gravedad, en un juego que a muchas, le ha costado más de la cuenta.
Luego acercaría mi nariz para sentir su aroma, y en un momento de descuido tuyo, me confeccionaría un bigote, con alguno de tus mechones.
Seguidamente lo tomaría con mis enormes manos, lo juntaría como quien coloca un paquete de tallarines en una olla hirviendo, y los elevaría hacia el cielo para poder ver tu hermoso cuello y unos cabellos a los cuales muy pocos le ponen atención, pero yo, que soy un enfermito, no descuidaré.
Son esos nacientes que apenas se despegan de la piel, y que son más suaves que la seda misma. Y que al dejarse tocar permiten acariciar dos partes a la vez. Piel y pelo.
Si a esa altura no me revoleaste un sopapo por tanta estupidez, apoyaría mi boca en ese lugar desierto, besando la superficie, respirando en ella, haciéndote cosquillas y conmoviendo todo tu ser.
Seguramente en ese momento, se me pase el fetichismo por el pelo, y empiece a darme cuenta de lo fascinante de tu cuello y le dedicaría toda una página. Y luego vería lo hermoso de tus hombros desnudos, y les escribiría un capitulo completo. Después descubriría la línea de tu espalda y con solo tocarla me darían ganas de hacer un libro dedicado enteramente a su estudio.
Ni hablar de la biblioteca que construiría en honor a tu cola. Pero entonces?
Entré en razón de que el pelo es solo una excusa para tocarte. Y que en realidad la obsesión la tengo con todo tu cuerpo.

DOMINGO 5PM


El domingo me encontró otra vez en la misma historia. Esto de que a partir de las cinco de la tarde entro en un espiral hacia abajo ya se hace costumbre, como es prender un pucho con el disco de Cerati y sus once sinfonías como guillotinas cortándome el mate.
Y entonces me cuelgo. Bajo el cerebro a los pies y hago jueguito con las ideas a ver si se acomodan un poco. El tema es que no llego ni a veinticinco y se me cae enseguida.
Y vuelvo a la genial idea de recordarte. De pensarte completa. De darme cuenta que te extraño demasiado, más de lo que lo que quisiera.
Y entro en razones inentendibles hasta para el cráneo más mentado y preparo planes imposibles para llegar a ningún lado.
Y busco miles de opciones que deriven en un encuentro, una llamada, un mensaje de texto que me muestre que estás cerca, en algún rincón. Que me de la pauta de que no solo paseas por mi mente.
Y trazo en papeles de cigarrillos amarillos y gastados un sinnúmero de mapas con las rutas más intrincadas hacia vos. Pero nada.
Las posibilidades de que te vuelva a ver son las mismas que tiene una llama de aprender las variantes del Huracán de Angel Cappa. (Como verán en una sola frase plasme mi gusto por el futbol y los recuerdos de mi viaje, cosa que en cada línea se irá repitiendo, dada mi poca monta en los asuntos de la escritura).
Y el puto día sigue cargándome, burlándose de mí en mi propio rostro. Y siempre lo insulto por ser tan cobarde y mostrarme minuto a minuto lo solo que estoy.
Es fácil hacerse el picante con todo el almanaque a favor, sobretodo sabiendo que pase lo que pase, siempre volverá a ser domingo a partir de las cinco de la tarde y vos no estas.