viernes, 16 de octubre de 2009

EN EL PUEBLO DE LOS OJALASES


Esta es una breve historia que transcurre en un pueblo que existe. Este es el relato que acontece en una ciudad que sólo reside en algún lugar del mapa del mundo paralelo al nuestro. Es un paraje donde todo lo que no sucede aquí, ahí pasa.
No es un lugar de fantasía, insisto que existe, solamente es muy difícil y es casi una quimera encontrar su camino.
Exploradores y adelantados han escrito detalladas instrucciones para llegar, pero esas líneas de mentiras se han perdido en el tiempo, ya que nadie las cree. Algunos malvivientes y forajidos, escapando a las normas establecidas de nuestro mundo aseguran que lo visitaron y han dibujado mapas amarillos con intrincadas rutas para llegar. Pero esas cartas deben estar guardadas en alguna biblioteca sin puertas, totalmente desordenada y al borde del caos, ya que nadie las ha visto.
Parece en realidad, que nadie lo conoce fehacientemente; no se han encontrado registros de que alguien haya estado allí. Sin embargo es muy probable que todos alguna vez, hayamos pasado sin saberlo.
Este pueblo tiene la particularidad de ser el lugar donde todas las desilusiones son ilusión, donde los miles de desamores se desarman en pasión, donde los no ser y lo no nos dejan ser no tienen lugar y donde las frases desencontradas, siguen una línea coherente al corazón.
No es un lugar ni soleado ni gris, guarda en si mismo un clima único, que alterna de acuerdo al deseo de sus habitantes noches de calor, tardes de lluvia, mañanas de frío y madrugadas esperando el sol.
Es un sitio donde hay montañas plenas de verde, barrancas floreadas y llenas de animales extraños, con villas completas de nosotros y desiertos llenos de palabras escuchadas y dichas al oído una y otra vez.
Hay, como en todos lados, pensamientos poco trascendentes, pero que se cumplen al pie de lo esperado.
“Ojalá me llame por teléfono”, y la frase da paso al estridente ringtone de un celular que hace que los enamorados puedan confesarse una a una las promesas incumplidas.
“Ojalá fuera mejor jugador de fútbol”, y el peor de los pataduras se levanta del césped, elude a cuatro rivales y deja durmiendo la pelota bajo el techo de piolas, ante la atónita mirada de un viejo relator.
“Ojalá pueda decirle lo que siento”, y el más grande de los farsantes suelta la pluma llena de verdades como nunca antes pudo, redactando la más sincera de las cartas de amor.
Entre los pobladores hay uno que dice “Ojalá pudiera ir volando a su ventana, darle un beso en la cara y hasta por la mañana llenarle de caricias sin que se despertara”. Y como por arte de magia, emprende un vuelo directo hasta una claraboya que no sólo permite el paso de la luz, sino que se destruye totalmente, dejándolo entrar y cumpliéndole sus deseos en cada amanecer.
Hay una hermosa mujer que piensa “Ojala fueras aire para colarte entre mis rejas”, con el inmediato efecto de transformar en suspiro a su amante, dándole la oportunidad de ingresar a su casa con el sigilo con el que se arma el humo del cigarrillo y con la eternidad de su constante apetito.
Los dos al unísono se dicen, “Ojalá existiera un mundo paralelo donde podamos estar juntos” y con soltar al viento esa sola idea, dan origen a este relato.

1 comentario:

Anónimo dijo...

solo se que llore.