lunes, 13 de diciembre de 2010

(*)Nota del autor:

El anterior fue un mentiroso homenaje al chancho, personaje vilipendeado en el mundillo del metegol. Es blanco no solo de las cargadas por ser retacón, el más bajo de la cancha, tener las patas cortas y estar un poco fuera de línea respecto sus compañeros delgados y estilizados. Sino que además es el blanco donde apuntan todos los cañones. Este pobre tipo está atado a unos caños, con los ojos abiertos y el pecho al frente, sin ninguna posibilidad de esquivar lo balazos.
Es más, tiene que poner el cuerpo para evitar que caiga su vaya, aguantar lo que le tiren. No puede darse el lujo de no interponer su presencia ante la trayectoria del balón, si la pelota pasa, será más insultado que de costumbre. Ese es su destino.
Pero, vaya paradoja, es ul único dentro de la cancha individualizado, que se destaca de resto, físicamente y enunciativamente. Este debe ser su premio ante tantos sufrimientos, ante tanta condena de la historia de este fútbol a escala.
Todos los que están entre los límites de fundición, son NN, a veces tienen número, en cambio él, así de pequeño como se lo ve, se agiganta con nombre propio. Es el chancho.
Y generalmente cuando eso ocurre, cuando aparece “el chancho”, acompañado de la extensión de la última “o”, es en los pocos momentos en que se viste de héroe, por una salvada magistral, fruto de los reflejos de otros, por inmolarse ante un bombazo.
El chancho, este es el homenaje a ese jugadorcito. Y si, no es sincero, es mentiroso. El autor de estas palabras en varias ocasiones, ha lapidado a este hombrecillo de pies redondos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Gol de fundición


El cortito hizo un esfuerzo enorme y la pisó, después de parar un tiro furioso, con el pecho, con la panza, vaya uno a saber con qué parte de ese pequeño cuerpo.
Le temblaban los pies, sus botines desgastados aprisionaban la pelota con temor. Sudaban las manos, se sacudían los brazos. La cancha se le hacía enorme, el arco rival lejísimos y con un sin fin de pies que se le atravezaban en el camino.
Que partido bravo, cuatro a dos abajo, imposible de remontar, cualquiera lo da por perdido. Perdido?
El cortito pisó un poco más fuerte la bocha, seguía temblando. Las miradas de los rivales se entrecruzaban, ansiosos, a la espectativa.
La tuvo bajo la gris suela unos segundos, pero como en toda historia de suspenso, fueron horas, días, décadas. La atmósfera estaba tan pesada, que bajo esas sombras parecía que estaban transurriendo milenios mientras el gordito la apretaba contra la verde y lisa superficie.
El día estába húmedo, espeso, la cancha estaba lo suficientemente mojada como para que el desarrollo del juego no haya sido normal. La pelota no rodaba, volaba. Cada tiro, la redonda decidía despegarse, tomando una velocidad inusitada, recorriendo las distancias como un cometa, a centímetros del suelo, dejando estela de gotas y miradas perdidas y desorientadas.
El cortito seguía con la bocha en su poder, la movía de un lado al otro, haciendo equilibrio con la redonda, en el límite del inevitable infierno, casi al borde del infarto, con la deseperación bajando por los escasos escalones del estadio.
Poco público, apenas algunos borrachines no mu entusiasmados por el juego, lo que generaba silencios aplastantes. Ni un grito. Ni una arenga. Sólo la respiración de los contendientes. Algún golpe seco, alguna exhalación después de un despeje, de un tiro furibundo.
Y él sigue ahí, perdiendo tiempo. Para que? El partido es imposible de remontar. Por más que se juegue para siempre el 4 a 2 no se levanta más. Tiene la mirada fija en el arco rival, distante, pequeño, cuidado por otro igual que él. Y los otros le clavan sus ojos vacíos, y los suyos le dan la espalda. Está solo, solo con la redonda castigada, mellada. Esta solo, tratando de forjar un destino inalcansable.
Respiración profunda, un torbellino se apodera de su cuerpo, entero, de la cabeza hasta los pies. La decisión está tomada, pero es más una reacción en cadena, mente, músculos.
Y la bola sale furiosa, imperfecta, no va en la dirección pretendida. Esto pone nerviosos a propios y extraños, que se mueven enloquecidos tratando de darle caza a ese objeto precioso y redondo. Nadie la toca, nadie la roza. Algo la hace cambiar de trayectoria y ante la mirada atónita de dos personas, ante los esfurzos inútiles del arquero rival, traspasa la meta.
Estruendo de victoria, frenesí de hierro en gol, ruidos a chapas y canaletas en tirabuzón. El cortito sigue dando vueltas, festejando este gol de fundición, suelto, como loco. Gira sobre su eje de caño, mientras su titiritero grita: ¡De chancho vale dosssss! (*)

martes, 31 de agosto de 2010

Un pacto


No jodas más. Ya nos habíamos puesto de acuerdo, hicimos un pacto. Vos haces esto, yo lo otro. Ok? Ahora no vas a recular. Capaz quedamos como unos nabos, salimos en Crónica en una placa roja. (Risas)
Que bola, seguro vamos a salir en las placas rojas. Va a estar copado, vamos a ser famosos.
Te apreta? Y bueno, qué querés.
Te decía. Nos van a reconocer en todos lados. Hasta en fin de año se van a acordar de nosotros, en los programas que hacen cuando ya estan todos de vacaciones. Los que ves todos los años, donde pasan lo mejor y lo peor del año. En esos salimos seguro.
Vamos a ser más conocidos que el boludo de la moto. A ese todavía se le cagan de risa. Hasta en un ringtone está el tipo.
Respirá por la nariz. No ves que tenes cinta en la boca? Te vas a ahogar. (Risas) Perdoná, es que estoy haciendo los nudos y me olvidé que ya te vendé. Te saco el trapo, así nos miramos de nuevo a los ojos.
Uff!!! Que lindos que son. Están igual de rojos, tal cual como cuando los vi en la Plaza del Bombero. Cuantos porros me hiciste fumar ese día? No me acuerdo casi nada, solo de tus ojos rojos y de cómo te reías. Cuantas huevadas me dijiste, me mentiste como todas las noches hasta que te di bola.
Te la tragaste ya? Porque te sacudis? Deja de revolear los ojos tarado!!! Que te pasa? No me pongas esa cara que haces siempre cuando no paro de hablar, ahora no me pidas que me calle. Al final los tipos son todos iguales. Vos no mi vida!!! Siempre te dije que eras de otro planeta.
Ahora, hay algo que no entiendo. Porqué me jodiste tanto para que deje de bailar, yo siempre quise hacer eso. Te mostré las fotos de cuando era chiquita y bailaba frente al espejo con los vestidos de mamá. Qué vergüenza ese día!!!
Al final te di pelota, dejé todo. Me la pasaba con vos todos los días, dejé de lado mis amigas y todo!!! (Risas)
Cierto que amigas yo no tengo!!! Bueno!!! Te dije que no me mires así!!! Mirá que te vuelvo a vendar.
Te tragaste la pastilla azul ya o no? No me hagas que te obligue. Mirá que no te voy a dejar ninguna marca. Dale!! No te hagas el dificil ahora que cuando estes bien tieso…ya sé que ya te meti unas cuantas!! (Risas)
Vos me obligaste a esto!! Ya te olvidaste lo que acordamos eh?? Te acordas?? Ahora no te eches para atrás cagón!! Al final?? Tan guapito que te hacias, tantas cosas me dijiste, tantas mentiras me dijiste!!
Dale!! Tragá que es la última, no me alcanzó para más, pero igual creo que es suficiente. Bien durito vas a quedar!! (Risas)
Si!! Así está mejor!! Dejame que te toque…no te sacudas…espera un poco que ya voy a necesitar que te sacudas.
A ver si queda alguna más…no, la última. Todo me gaste che, y bueno, vos no querías que labure. Ahí tenes!! No me alcanzó para más. Pero no te preocupes, ya averigüé bien, y con las que te di ya es suficiente.
Y si…en Crónica vos vas a quedar un poco mal capaz, pero bueno. Me obligaste, ya estaba todo acordado. Yo dejé todo…y vos?
Mirá lo que me puse!! Ah!! Te gusta turro!! Viste?? Cómo cuando me sacabas de la escuela. Pollerita, camisa, corbatita. Las colitas ni en pedo!! Ya te dije que eso es una huevada!!
Dejame que te toque…todavía no te sacudas boludo!!! Esperá un poco…ya va haber tiempo!!! Cuantas veces me lo hiciste en el auto?? Me cagabas a pedo…te hacía todo lo que te gustaba. Bueno a mi también me gustaba. (Risas)
Ummm…ya estas listo!!! Papito!! Dale que ahí voy!! Ahora si sacudite hasta morir!! Dale cagón!! Depués te voy a desatar!! Dale hijo de puta!! Aca me tenés…ahora no sos tan posesivo!!! Dale!!! Ahora mando yo…como me mentiste…como me engañaste!!! Dale!!! Sacudite!!!
Ahí esta!! Se te sale el corazón!!! Ahí tenes por mentiroso!! Donde está tu esposa ahora?? Viejo verde!!! Ahora si vas a cumplir…da la vida por mi sorete!!! Como decías siempre….dale!!! Movete ahora!!! Sacudite!!! Asi….asi….asi!!!
Dale!! Estoy a mil!!! Dale viejo puto!!! Sacudite!! Agitate!! Morite!!!

viernes, 27 de agosto de 2010

Bump! (Efervemente)


Levanté los pies de la calle para dejar pasar el agua servida arrojada por alguna “doña rosa baldea veredas temprano”. Las topper negras tienen más manchas que color pero eso no significa que tenga ganas de agregarle alguna más.
El agua espumosa corrió bajo mis pies, desdibujando mi rostro entre burbujas, alguna colilla de cigarrillo, alguna andanada de tierra.
-Donde esta?
(Bump! hizo una burbuja y no puedo dejar de ver lo efímero que es esa creación de mezcla de detergente, aire y agua revuelta. No puedo resistirme a pensar en lo que se parece a nosotros, una mezcla de fluidos y otros líquidos, fruto de secreciones y sudores. Bump! hizo mi cabeza)
Un destello me sacó de adentro, y por la pendiente de la calle, dos faroles rectangulares me lastiman los ojos. Como “chinito” entrecierro los ojos y mis pestañas bajan una ténue persiana que aflojan el efecto.
(Bump! El destello me ciega. Bajá las luces la puta que te pario! Que te crees que vas en la ruta? Ah! Es un Renault 12, esos faros son ultra reconocibles. Uff! están regulados para el orto).
-Dónde está?
La señora que está baldeando me observa con cara de miedo, pensando que porque estoy sentado en el cordón a esas horas soy un choro o algo así. La miro a la cara desafiante esperando que diga algo, pero se distrae, está muy ocupada viendo como la manguera se hizo un nudo cortando la libre salida del agua.
(Bump! Una puntada helada. Se me está enfriando el culo. Está fresca la vereda como para estar tirado a esta hora. Cuantas personas se habrán sentado en el mismo lugar donde estoy yo desde que esta parte es vereda? Se habrán puesto a pensar en cuantas personas se habrán sentado en el mismo lugar desde que esto es vereda?)
-Dónde está?
Miro el atado de cigarrillos y solo queda uno dentro del paquete. Relojeo a ver si algún alma caritativa pasa fumando y se digna a dejarse asaltar por mis incontrolables deseos.
(Bump!. Explota otra burbuja como seguramente explotan mis pulmones cada vez que una bocanada me invade. Bocanada, bocanada, ese tema de Cerati es una guillotina. Esa boca que hermosa es cuando la rosas con un cigarrillo. Cuanto hace que no te veo fumar. Cuanto hace que no te veo).
-Dónde está?
Un pichicho bastante bien adaptado a la vida en la calle, se acerca moviendo la cola y con hocico de muchos amigos. Me mira nada más, no busca que lo acaricie o le tire un hueso. Sólo mira.
(Bump! Una chispa sale del ojo del can, que estás viendo? Esas pepas marrones que te muestran? Porque no tengo el poder de leer la mente así puedo averiguar lo que el “batuque” este está pensando. Así confirmo que la vieja cree que soy un choro. Así se que piensa la gente de mi. Así descubro de una vez por todas qué te pasa conmigo, porqué no se pasa).
-Dónde está?
El cielo está tomando esa coloración que anuncia que la hora de dormir se terminó para la mayoría y me indica que ya debería estar en casa. Con las manos en los bolsillos me inclino y apoyo la frente en las rodillas, cerrando los ojos, creando una noche en mi cabeza.
(Bump! Hace la arenita de colores de mis párpados, en un espectáculo increíble y personalizado. Las podré contar? Hay verdes, rosadas, blancas. Se hacen aureolas en formas de arco iris que explotan en cuanto fijo un pensamiento en ellas. Vos debes tener los ojos cerrados también, aunque sea estamos compartiendo esto. Qué noción tendrás del tiempo y espacio que yo transcurro?
-Dónde está?
Bump! Resuena mi nuca, giro la cabeza y por fin apareció Alejandro.
-En qué pensás boludo?
-En nada, pasame la cerveza.

miércoles, 28 de julio de 2010

Asuntos pendientes


Asiduamente deambulan espectros por mi casa, yo no se si es por la atmósfera lúgubre que ella tiene o por que yo soy lo mas parecido a un ánima herida, pero desde hace tiempo, miles de almas golpean mi puerta para dialogar de penas y de desencuentros.
Debo reconocer que las primeras veces me asustaba al sentir como alguna mano tenebrosa posaba sus huesos en la chapa amarilla de la entrada de casa, que retumbaba sepulcral en mis oídos y me sacaba de cualquier cosa que estuviera haciendo. Pero después de un tiempo me acostumbré y llegó un momento en que extrañaba la soledad de los fantasmas, y me disfrazaba con sábanas pálidas para simular ser uno de ellos y me sentía verdaderamente cómodo.
Recuerdo que estaba absorto en mis juegos, aquellos que logran que me traspole a un mundo que no existe, a un imaginario que nunca será, pero que en esa caja negra es más real que la velocidad de mis dedos, cuando una estampida chocó con la puerta de lo que yo llamo “la pocilga”.
Es una casa más que modesta, que conjuga la pequeñez cúbica con una acogedora división de espacios. O sea, es una vivienda de escasas dimensiones, pero para gusto de los que alguna vez la visitaron hace tiempo, como tiene todos los ambientes bien separados y perfectamente distinguibles uno de otro, dan la idea de una grandeza que en realidad ni ella ni su dueño poseen.
Esa puerta amarilla debe haber sido el paso a otro mundo, pensé al escuchar el retumbar de su contextura. Qué hace alguien golpeando a las tres y cuarenta y cinco de la mañana? Primero, es una hora descolocada para cualquier persona de bien y segundo, tengo timbre.
Detuve hasta mi respiración y esperé que solo haya sido el ruido en mi cabeza, pero al pasar unos segundos los golpes volvieron, cada vez más seguidos, se hicieron continuos, permanentes y no me quedó otra que levantarme.
Quién es?-dije, escondiéndome de la ventanita de vidrio para no dar muestras de mi posición.
Quién es?-repetí, con ganas de que nadie conteste y así poder volver a lo mío.
Puedo? Se vino el invierno y la verdad me cansé un poco de deambular-alguien o algo contestó.
Dudé un poco y largué un -Pasá nomás- pero no abrí la puerta, como sabiendo que no importaba, que la sola invitación le iba a dar paso a mi visitante. Algo frío caminó a mi lado y se posó en el sillón, junto a la guitarra.
No sabía que los fantasmas tenían frío-dije sin mirar.
No sé loco, yo pensé lo mismo…pero….deben ser reacciones que nos quedan de cuando anduvimos en tierra-explicó y yo no quise saber más. Me volví a la pieza.

Por la mañana ni recordaba el acontecimiento, seguí con eso que denominan vida como todos los días, sin gusto a nada. Por la noche, desesperaba de soledad y en el peor momento, cuando no tenía nada más que hacer, nada más que soñar con la mujer amada con la que nunca pude estar, volvió a tronar la puerta.
Recordé los acontecimientos de la noche anterior como en un flash y grité-Adelante!!! Me pongo algo y voy.
Sentado en mi sillón, o eso parecía porque los almohadones estaban hundidos, estaba el Gaviota. Así dijo que lo apodaban. Me contó que era uruguayo, jugador de fútbol, no de los mejores pero tenía dos virtudes: le pegaba con un fierro y cabeceaba como ninguno.
-No sabés, cuando la pelota viajaba por el aire, yo ya sabía donde iba a empezar a bajar, anticipaba a los defensores, saltaba y me mantenía en el aire más que ninguno. Por eso me empezaron a decir Gaviota- y pegó un saltito apuntándole al foco del living, le dio un frentazo, pero obvio, es un fantasma, ni lo tocó.
Me reí como hacía rato no hacía, le dije: Podrían haberte puesto un apodo mejor che!! Águila, Buitre o algo así. Que descanses, Gaviota!!!- y me volví a la pieza.
A la otra noche, cuando reapareció con algunos espectros más de compañía, supuse que, como en los filmes, las ánimas deambulan por cuestiones pendientes, asuntos no resueltos.
Entonces, les preguntaba quienes habían sido, quienes eran, que habían hecho; en un principio nada más que para prestarles oreja, pero después de un tiempo, yo que nunca me comprometí por nada, me empecé a preocupar por cada uno de ellos. De a poco.
No sé porqué, pero tomé el cuaderno Rivadavia de tapas verdes, donde generalmente escribía mis deseos, mis pesares, mis temores y amores, y empecé a darles ahí mi lugar a esos visitantes de las madrugadas. Y comencé a hacer una especie de documentación de lo que me relataban y a llevar adelante una investigación de los hechos que los habían llevado a mi “pocilga”.
Por supuesto, lo primero era a averiguar que les había pasado. Una noche se me ocurrió preguntarle a Gaviota por su muerte. El botija me dijo que no se acordaba de mucho, que el último recuerdo que tenía era que estaba jugando un partido importante, cuando un compatriota tiró un centro perfecto, el se elevó y anticipó, con tanta mala suerte que recibió un tremendo puñetazo del arquero rival, y cayó, según él, inconsciente.
-No me acuerdo nada más, capaz morí ahí. Aunque eso no me jode, tuve de todo, coche cero ka eme, minas, un departamentito- quedó pensativo-pero sabés que me mata?
Prendí un pucho.
-No se si fue gol!!-gritó como solo un fantasma puede gritar, azuzado, no por el tridente de Satán, sino por una incertidumbre espantosa.
Este espectro en lo único que piensa es en eso? Yo que creí que eran atormentados por grandes pesares, angustias que perseguían más allá de la muerte.
-No se si fue gol!!-y salió el sol. Y me di cuenta que me había quedado dormido en el sillón.

En cuanto anocheció (Hago aquí una intervención para mencionar que si no hay nada de relato de mi rutina diurna es porque la misma no vale ni un pasaje de bondi, por lo que lo más interesante acontece de noche. Igual siempre me consideré un animal noctámbulo, amigos y ex parejas pueden dar fe de ello) y volví a la vida, repasé en el cuaderno los datos, equipo en el que jugaba, algunas fechas, entré a revolver las crónicas deportivas de la época, planteles. Y di con un equipo con dos uruguayos, uno de ellos apodado “Gaviota”. “Suspendido a los 76 minutos del segundo tiempo”. El equipo del ave, uno, los otros, cero.
-Ja fue gol!!! El loco la peinó antes y lo durmieron de un piña!!! Pero fue gol!!!
Escribí todo puntilloso en el cuaderno. Me quedé esperando emocionado y como no pasaba nada fui hasta la habitación, pero antes dejé algunas impresiones en el living donde siempre nos reuníamos. Esa noche no sonó la puerta y yo ya sabía que Gaviota había entrado, vio los resultados de mi investigación y había partido para siempre.
-Fue gol!!!-se sacudió el árbol de la vereda. Nunca más apareció.

A medida que se iban llenado las páginas y me comprometía una a una en cada historia, los fantasmas, mis amigos de la noche, dejaban de venir. Llegué a tener más de veinte metidos en casa. Sólo porque eran espectros se explica que hayan podido estar todos juntos en un espacio tan reducido.
Jugaban con mis cosas que no se movían, me tiraban las copas sucias, aunque ellas seguían en la mesada, prendían y apagaban las luces, me robaban los cigarrillos pero los atados quedaban impecables y los ceniceros limpios, escuchaba el ruido de las tapas de cerveza pero las botellas permanecían llenas y frías.
Todas las noches estuve despierto esperando a que golpearan mi puerta, aparecían en vendaval, peleaba con ellos para que dejaran las cosas en su lugar, los escuchaba, les cumplía algunos pedidos y de a poco se iban retirando. Pasaba desvelado, dormía de día. No salía a la calle ni para comprar puchos. Dejé de comer, de tomar, de ir a los pocos lugares que frecuentaba. Mi vida social se redujo hasta desaparecer. Y así estuve.
En una de esas noches, pensando en la mujer amada que con la que nunca pude estar, golpeó la puerta sólo una vez, no muy tímidamente, una señorita flaca, con una onda “hippie” muy pero muy hermosa.
Como esas cosas del destino ni siquiera contesté, me acomodé y ella pasó.
La miré a los ojos negros, grandes y tenía la leve sensación que de algún lado la conocía. Observé sus dedos delgados y largos, repletos de anillos y esas manos me hicieron sentir escalofríos tiernos en la espalda. Esa boca perfectamente dibujada, como salida de un cuadro. Pelo oscuro y brilloso. De donde te conozco?
-No creo que sepas quien soy, pero creo que hasta de otras vidas te vengo buscando.
Mi silencio ante ese rostro que en otras noches he percibido en blanco y negro en el mundo de lo onírico, fue tan profundo que ella sin hablar me dijo que yo era una presencia que la llamaba todos los días, que bailaba en su cabeza todo el tiempo.
-Yo te soñé más de treinta años, desde que me quedé dormida en esa celda. Tu cara la veía en todos lados, en las paredes sucias, en la puerta oscura, y te salí a buscar. Porqué?
Estaba aturdido. Esa mirada me recordaba a alguien, pero quién? Empezó a contarme todo lo que recordaba, buscando respuestas, cada tanto me nombraba a un chico de la Universidad, otras veces saltaba al relato de la que creía era su casa, y me la describía toda revuelta y tomada. Y volvía a épocas difíciles, de un romance furioso y fugaz, de persecuciones, de miedo, de coraje, de silencios, de resistencia.
-Porqué estoy acá? Porque esta obsesión con vos?- me volvió a preguntar.
Y repetía que soñaba conmigo. Y que el frío no le molestaba como a los otros, le gustaba sentirse libre, después de quedarse dormida, encerrada en esa oscura y pequeña habitación, cualquier cosa era mejor.
Mi cabeza iba a mil, dejando fluir los pensamientos, lanzando líneas cronológicas imaginarias al techo húmedo. Y no hizo falta más. No fue necesario que yo anotara nada, porque en el preciso instante en que la posible respuesta a todos los interrogantes pasó delante de mí como un fogonazo, ella dejó de hablar.
Nos reconocimos como quien se mira al espejo y ninguno de los dos quiso decir más nada.
Y lloró de dolor y de alegría. Sus lágrimas como pequeños soplos me acariciaron la frente y me dieron “piquitos” amargos en las mejillas a los cuales no me negué.
Mientras eso sucedía se fue desvaneciendo, desapareció con una fría brisa que me envolvió y me arropó unos segundos que valieron más de treinta años sin sus caricias. Todo va a pasar escuché, me consoló y fui un mar.
Gordas gotas golpean las hojas, las estruja de mi alma la revelación que siempre esperé, y mientras pienso en la mujer amada con la que nunca pude estar.
-No puedo dejar nuestra historia así!!- y concluyo estas líneas, observo mi mano temblorosa, que va desapareciendo y en fluído salado me esfumo. Toc! Golpea la lapicera en el cuaderno Rivadavia verde, que se cierra de golpe guardando todo ahí. Dejando mis últimas palabras azules.
Y como un rayo, salgo de mi casa, deambulo por las calles empinadas. Si sé hacia donde voy. Golpeo esa puerta de madera blanca con mis manos en nubes.
Escuchaste? No estás soñando. Ssshh! Dejáme pasar, no te asustes, abríme, soy yo, vengo para estar con vos. Para siempre.

martes, 1 de junio de 2010

Carta….. (Por DjRabioso)

Negro, tengo q confesarte que hay días que tengo ganas de cagarte a trompadas. Y una y mil veces pretendo juzgarte como a cualquiera, y vos negro, la verdad, que sos ininputable.
Te repito, hay días que te escucho y te quiero matar, que me rompo la cabeza tratando de convencer al corazón que ya no te quiera más, pero al rato siento que pase lo que pase vos ya me diste demasiado.
Y es cierto, hiciste más que varios por nosotros, por los que día a día corremos atrás de una pelota, que nos enfrentamos a más que once todas las semanas, y como dice un relator de radio, pedimos todas las noches que no le achiquen el arco a los sueños.
Debe ser por todo lo que diste, que todo el tiempo te pedimos algo, siempre de algún rincón algún alma desprotegida, a gritos de tribuna, ruega que vos salgas en su representación. Es así, no te dejamos vivir. En las reuniones de café los viejos demandan que te vayas del país, los de mediana edad te piden cordura y que dejes de ser quien siempre fuiste, los pibes te reclaman que nos refresques la memoria, los que nunca te vieron, te imploran perdón.
Pero negro, la verdad que esta es la última vez que te encargo algo. Me comprometo a decirle a todo el mundo que ya no te joda más, que vayamos preparando la nube con el pasaje pago al olimpo de los dioses y que ahí puedas estar tranquilo, comas asado, tomes vino, fumes habanos, hables al pedo; y que nadie te diga que estas gordo, que te estas haciendo mierda y que sos una vergüenza para la nación.
Sinceramente la propaganda de Swiss Medical me cagó, mucho de lo que te quería decir lo pusieron esos creativos que no se de donde carajo sacan las ideas. Pero asi es la vida, y seguro que esos son unos boludos que no pisaron nunca una cancha, sino es para ver a Depeche Mode.
Negro, si que te metiste en un lindo quilombo, podrías haber hecho cualquier cosa, pero decidiste bajar del pedestal del ídolo al barro de los Feinman, los Elio Rossi, los Niembro y toda esa manga de nadas, que nada hicieron.
Pero vos sabés que lo que te voy a pedir para vos es simple, regalanos la más grande de las sonrisas, como esa tarde en el Azteca, o esos días postrando Italianos.
Sabes que? A los más veteranos, poneles el tema del Mundial 90, y te puedo asegurar que cuando la tanita esa arranca con el “notti magiche!!..inseguendo un goal..sotto il celo…di un state italiana!!”, los vagos van querer comerse vivos hasta los banderines y van querer escribir esa historia de gloria con sus sangre y sus nombres.
Y a los más guachos, pateales la Play (de paso canuteate una y traela para casa) y poneles los videos de cuando desparramaste ingleses y brasileros, de tu tobillo, de que el morochito ese del video en blanco y negro sos vos, que pudiste cumplir ese sueño y ellos también. Deciles que vos queres que sean ellos los que tienen que quedar en los ojos de todos, tirando caños, gambetenando a Blater si es necesario y jugando con el brazo atado a la camiseta como el Tata Brown.
Para aquellos que por ahí se caigan y se dejen tomar por los que dicen que no se juega por la camiseta, y piensen que mejor son los euros y las minitas, contales que capaz sin saber que era el orgullo de un país, un volcán te hizo salir de adentro el “hijos de puta” ante todo el Olímpico de Roma, cuando chiflaban el himno. Y que eso, aunque los intelectuales puedan denostarlo, es sentido de pertenencia, de patria futbolera.
Esto es todo negro, sabé que en cualquier lugar del país, unos pibes se juntan a tomar una cerveza y seguro sale tu nombre. Y por más que haya chorros o metaleros, repartidores de pizza o marketineros, seguro se ponen de acuerdo en que sos lo más grande del mundo de la redonda, y aunque nadie lo crea, podes crecer más. Abrazo de gol, gordo!!! Nos vemos a la vuelta.

domingo, 4 de abril de 2010

Gol de barrio



Y la pelota se hizo luna en el cielo, después de que el rústico dos de ellos le pegara un tremendo zapatazo poniendo la redonda en órbita. Ese tipo alto, bastante panzón, de jardinero rojo desgastado y con unos borcegos de cuero negro, no podía estar jugando al fútbol y encima, despejando cuanto ataque intentábamos con los muchachos.
Ya no sé cuantas horas llevábamos disputando el clásico del barrio, el que vale la pena, el que reúne a los mejores valores de la cuadra del fondo del campito y a los de la cortada. Es el enfrentamiento que se da muy de vez en cuando, un sábado a la tarde, que empieza ni bien se junta el número mínimo de jugadores y que con el correr de las horas va sumando piernas y disputas.
Habíamos empezado en las primeras horas de la siesta, cuatro o cinco de nosotros copamos el terreno baldío de la Cortada sin número y empezamos con un veinticinco como para ensuciarnos las patas, cuando de golpe, un naranjazo en las chapas que hacían de portón sobre calle Belgrano, nos dio la pauta que la muchachada de la cuadra del fondo, había llegado con ganas de ocupar el campo.
Obviamente, en cuanto pisaron la tierra, ya sabíamos que se venía el desafío por la coca y por el honor. Habían tomado como una ofensa las pintadas con aerosol que el Marce había hecho en los tapiales.
“Cortadita Canpión” había escrito el susodicho haciendo alarde de mucho coraje y de una falta de conocimiento de ortografía notable. Las letras en azul eran una afronta a ellos que se creían los capos de la zona, invictos en los cruces con Loyola o con las infantiles de Independiente.
Enseguida pegamos un par de gritos para que se sumaran algunos pibes que nos estaban faltando, tuvimos que ir hasta lo de Diego y Ramiro para convencer a la madre de que los dejara salir. No nos podía faltar nuestro enganche y el arquero. En cuanto tuvimos el sí, buscamos el buzo con el 1 hecho con cinta aisladora negra y disparámos a lo del Nacho. Ni tiempo le dimos que se calzara los botines. El guacho era el único en el barrio que tenía los Ocelote y no quería dejar de lucirlos en el clásico.
Cuando doblamos la esquina de la cortada, los Porfiri estaban justo saltando el tapial para sumarse al equipo de los otros. Esos gringos no tienen mucha técnica pero corren y le pegan a la pelota como con un caño.
Estaba todo dispuesto, las chicas nuestras, todas trepadas en las paredes, meta gritos a nuestro favor y con la botella de agua lista para cuando alguno sintiera los rigores del calor y la humedad. Después de sacar algunas piedras de la cancha y de apilar algunos ladrillos que harían las veces de arco, salió el primer bochazo de un partido que sería memorable.
Ya no sé cuantas horas llevábamos disputando el clásico del barrio, el trámite era ajustadísimo, los arcos estaban en cero, todos se sacaban la bocha de encima, nadie quería perder. El dos de ellos sacaba todo, con poco brillo, pero con una efectividad envidiable. Y en una de esas, despeja con un terible zapatazo y pega el grito: “Salimos!!”.
Pretendían agarrarnos de contra, más teniendo en cuenta que en estos partidos no hay juez de línea que levante la bandera.
Pero nosotros estábamos firmes en el fondo y sucedió lo inimaginable. Después de estar una eternidad la pelota viajando por el cielo, entró en picada, y el Ale, un tipo que no se caratarizaba por las sutilezas esta ves de vistió de Enzo y bajó la pelota con una calidad que dejó perplejos a todos. Salió jugando como si lo hubiera hecho toda su vida. La abrió a la izquierda, Diego la dominó y de reojo vio como yo empezaba a disparar y me la soltó con un pase un poco fuerte.
Me detuve un poco como para esperarla, empecé avolver porque el loco de jardinero había leído la jugada y la iba a cortar con tremendo zapatazo de nuevo. Y llegó, el muy guacho llegó antes y se preparó para mandarla de nuevo al cielo. Pero como ese día, estaba escrito en algún lado que me iba a disfrazar de héroe, la pelota dio un brinco después de dar con un cascote, y el rústico zaguero pateo el aire torpemente, y ella siguió su camino hacia mi.
Ni intenté pararla, estaba viva la loca, la dejé pasar y empecé seguirla de lejos mientras un terrible silencio se apoderaba del campito. Hasta los perros que estaban dele corretearse dejaron todo y apuntaron sus hocicos para seguir la jugada.
Casi sin ángulo, con la línea del corner que estrangulaba la ilusión, el arquero me abrió una ventana al optar por achicarme desparramándose en la tierra en vez de quedarse paradito, esperándome. Entonces ahí vi la luz, y con un toque suavecito con la zurda, esa que no me sirve ni para apoyar y que ahora luce una horrible cicatriz, se la levanté por encima del cuerpo.
La redonda, la que algunos le dicen la caprichosa, esta vez hizo caso. Y después de saltar al arquerito fue con un efecto extraño, girando, despacito, ante la mirada de todos, en unos segundos que duraron años, a los brincos cortitos. Fue y pegó suave en la pila de ladrillos, y entró.
Yo la vi desde la tierra, porque caí desparramado embestido por el golero de calle Belgrano, pero seguí todo su recorrido atento, sabiendo que entraba, que nada me iba a matar ese momento. Y cuando en el último salto, dio contra las piedras y entró nomás, resbalando me levante del piso, y empecé una carrera loca hasta donde el resto del equipo gritaba el gol con todas las ganas. Y nos abrazamos todos envueltos en tierra, y las chicas del barrio bajaron de los tapiales, y de algún lado aparecieron papelitos cayendo del cielo. O eran las naranjas que nos tiraban los derrotados, mientras huían de la derrota por el portón de chapas? Y el dale campeón se hizo escuchar hasta en la plaza, retumbó en la parroquia, desde la avenida algunos se dieron cuenta quien había ganado el clásico del barrio y las viejas de la calle, hasta la que alguna vez se quedó con mi pelota, salieron a aplaudir la victoria. Esa noche la coca cola tuvo otro gusto.
Pasaron como veinte años de ese gol increíble. Hice dos mil millones, iguales, mejores, definiendo de la misma manera, con camisetas de todos los colores y en todas las superficies imaginables.
Pero ninguno se va a comparar con ese, porque definió el clásico del barrio, porque fue en ese campito de la cortada, porque las chicas del barrio corearon mi nombre y porque esa noche en que la pelota se hizo luna, yo acaricié la gloria más pura y la felicidad más inmensa que un amante del fútbol puede aspirar.

miércoles, 3 de marzo de 2010

NO TE VAYAS AHORA

Te hablo y no se si me estás escuchando. Estás despierta pero tus ojos solo me dicen que acá, conmigo, no estás. Te toco para ver si con alguna caricia mía reaccionás y me sacás la mano disgustada por el contacto. Te sacudo y nada.
Hago sonar el despertador rojo de lata que tanto odias y se le gasta la cuerda de girar. Y girar. Pongo a todo volumen el disco que tanto te gusta, los vidrios de las ventanas vibran, los perros del vecindario enloquecen, la vecina anciana me toca el timbre para quejarse. Y vos nada. Seguís en tu mundo. Donde estás?
Me voy hasta el living húmedo, me desaparramo en el sillón y prendo un pucho. Desde lejos me quedo obsarvándote y no entro en razón. No puedo creer verte así.
Despertate! Grito con todos mis pulmones y seguis inmutable.
Levantate! Y no me das ni un poco de bola.
Nunca fuiste de hacerme mucho caso, siempre tan rebelde, era cuestión que te dijera A para que hicieras W, X, Y o Z.
Me pareció a mi o moviste la mano? Estoy cada vez más loco, estás en la misma posición, pero el cansancio por no dormir y el agotamiento mental de tanto pensar en vos me hace alucinar.
Prendo otro pucho, empiezo a recorrer el pequeño ambiente de baldozas marrones, las cuento, trato de no pisar las uniones, juego una rayuela imaginaria. Se me cae la ceniza y me quedo mirando el montículo buscándole alguna forma.
Te miro de nuevo, me dio la sensación de que me llamaste. Pero nada. Esos gatos de mierda en el patio maullan como vos cuando me llamás a los gritos. Ustedes deben ser parientes, deambulan por el mundo, cantan por las noches, son extremadamente independientes, pero siempre tienen que tener donde ronronear y alguien que los mime un poco.
Te llamo despacito como si te estuviera hablando al oído y seguís sin atenderme. Prendo un pucho más y empiezan a saber a nada. Espero que no te enojes porque estoy liquidando el atado. Yo después me pego un pique al kiosko y compro uno de veinte.
Saltando de baldoza en baldoza voy hasta la heladera. Se me ocurrió algo brillante, voy a destapar esa cerveza que quedó de anoche, a ver si con el ruidito de la tapita logro acaparar tu atención.
Está bien fría, con escarcha en el envase como sabés que me gusta. Cumplo con el ritual de darle un beso a la botella, hago un surco en el hielo y le pego un trago largo.
Querés?
El único que me contesta es Bunbury que sigue diciendo que “entre dos tierras estás”. Se rayó el disco en esa parte? Me vas a matar!
Te observo detenidamente, que chiquitita sos. Tus piernas y brazos bien delgados, tu rostro grande y tus ojos enormes y azules. Ese pelo que tanto me gusta tiene un color indescifrable de tantas tinturas, pero yo se que es negro como el de una pantera.
Y no aguanto más, lloro. Y de rodillas me acerco a la cama y te agarro la mano. Y busco tus heridas entre las gazas y te insulto. Te digo de todo y lloro más. Y mis lágrimas te mojan las vendas. Y que egoísta soy.
Porque me hacés esto? Me costó tanto encontrarte y ahora te querés ir. Pensaste alguna vez todo lo que te quiero? Sabés cuantas cosas nos quedan por hacer? Sabés cuantas noches más van a haber? Tenés idea cuantas botellas tienen nuestros nombres y nos esperan?
Y te apreto tan fuerte que parece que te voy a romper, pero me aferro a vos y te sigo gritando. No te imaginás lo importante que sos amiga, no me abandones vos también. Hacelo por mi aunque sea, pensá en que vamos a tocar la guitarra y cantar temas todas las madrugadas.
Despertate carajo! Abrí los ojos y mirame! Mirame como estoy! Mirame y reíte de lo pelotudo que soy! Agarrame para la joda, no me importa, pero despertate y clavame una de esas risotadas tuyas! Despertate! Despertate!
Pero nada cambia. Y agarro ese filo inmundo y oxidado. Despertate! Despertate! Decime que te deje de joder. O sino soñemos juntos.

viernes, 12 de febrero de 2010

EL BAR DE LA MESA DE LOS SECUACES



Un día nos reencontramos con la Lora. Viejo pirata de noches de mil batallas, hacía tanto que no lo veía que me pareció más gordo, más negro y más lindo que la última vez. Habían pasado muchos años y fue impresionante como, a pesar del tiempo perdido o ganado, fue como si alguien editara la vida, cortando lo que no nos vimos y pegando nuestra ultima vez con este: “Que hacés putón, tanto tiempo!!”.
Nos encontramos en la esquina, antes de entrar. Nos dimos un fuerte abrazo, sin poder creer la coincidencia de vernos ahí, los dos, sin habernos citado previamente, sin saber que ambos estábamos de regreso. La Lora de nuevo en la ciudad, yo, de vuelta en los bares de antaño.
El saludo fue eterno, pero nos tuvimos que despegar para pasar por la puerta del tugurio donde nos reuníamos los secuaces de siempre. Claro, abrazados no íbamos a pasar. Mis años de casado, sus años de buena vida, habían hecho mella en nuestra esbelta figura, y ambos lucíamos una prominente pero no menos sexy “zapan porronera”.
Y así, mirándonos cómplices, atravesamos la doble puerta de madera, oscurecida por los años y las manos de los trabajadores, con las calcos de gaseosas amarillas y con la pintura blanca y roja fileteada que anunciaba en que recinto de perdición entrabas, casi desfigurada. Apenas podía leerse “Bar de Antaño”.
Adentro nos recibe el mismo monito silbador de siempre, lo único que falta en la atmósfera plena de olor a vino seco en vaso de acero y a fiambrera, es el humo de los millones de cigarrillos que aferrado hasta de las carameleras parecía que nunca se iba a ir. Pero se ve que el Tano ha tenido que dejar el vicio, y todos los viejos parroquianos respetan a rajatabla la mirada inquisidora de Olga, que en cuanto ve que amagan a prender un pucho, los echa con esos ojos azules a la vereda con los perros.
Nuestra mesa estaba en el mismo lugar de siempre, esperando, bien en el fondo, pegadita a la heladera de cuatro puertas onda carnicería, donde vaya uno a saber cuantas botellas durmieron frescas.
Nos ubicamos en los lugares de siempre, la pequeña mesa del truco con el verde paño desgastado y bastante desteñido, pero que nos daba la pauta de que estábamos en el sitio indicado y a la hora señalada.
Y ahí mismo las historias empezaron a volar. Remontamos nuestros recurdos a la última época, antes de la no despedida, cuando trabajamos juntos en esa pequeña oficina, donde solo duramos unos meses y ambos renunciamos. Y vos buscando nuevos horizontes agarraste la marcha hacia el sur.
Después llovieron más gotas de memoria. Los metegoles interminables que no se suspendían ni por lluvia en lo de Beatriz, las noches de huelga de princesas en el boliche, la tardecita que después de un partido de futbol, la Cande pasó por la vereda de casa y yo, nuevo en la cuadra, la encaré de entrada y no la dejé ir más hasta hace siete meses. Cuando Ricuti metió tal bombazo que la pelota paso el tapial del campito y tumbó no se cuantas macetas en lo Sánchez, o cuando cagamos a piedrazos todos juntos la casa de Alegre por considerarlo cómplice de los genocidas.
Pasaron los goles de Echaniz, de Madelón, del Loco González y del Pitufo Agoglia. Por su puesto, inolvidable, el afaire del Felcho con Marisa. Te acordas? La del kioskito donde íbamos a tomar una coca después del futbol de los martes y después nos explicamos porque nos hacía precio. Claro la oferta se terminó cuando Felcho la mando a la mierda a la minita porque no lo dejaba ir a Villa Dora.
Pero llegamos a la parte donde nos preguntamos donde acabó todo. Donde cada uno fue armando rancho aparte y se olvidó de ese recinto donde éramos nosotros.
Y después de tantas historias repetidas de deserciones, empezé a notar un dejo de tristeza superior en el rostro de la Lora. Ya no me miraba a los ojos. Había puteado a todos los secuaces que fueron abandonando el equipo. Claro, ahora nos posicionabamos del lado de los liberados, de los que podemos disfrutar de la jungla que es el bar para la brutalidad de la ciudad. Pero el no me acompañaba en las críticas, esbozaba una defenza tímida de los que se alejaron por siempre, justificaba cada una de las desiciones que hicieron que esa mesa tuviera cada vez menos sillas.
Y ahí lo dijo: “Me vuelvo a ir viejo, solo vine aca a ver si lo encontraba a alguno de ustedes”. Tragué con una mezcla de odio, de dolor, de resignación. Era raro por como lo decía.
“Me voy a la mierda…y no de esta ciudad como tantas otras veces. Me voy, tengo todo listo, mañana me voy. Y no vuelvo Roberto”.
Lora hijo de puta, a que carajo viniste entonces. Me llenaste de ilusión por recuperar un secuaz, un amigote, un consejero, un soporte para mi soledad. Y ahí me quedé, viendo como se iba, me parecía más negro, más gordo todavía y seguía siendo hermoso. Y lloré por el tipo que me dejaba, peor que cuando me separé de Cande después de 8 años. Y seguí llorando, jugando con los ingredientes, aplastando los lupines como si fueran la cabeza de la Lora.
Y en eso, un purrete de unos veinte años, que me hizo acordar a cuando era pibe, con una camiseta de Platense, se me acerca y me pregunta si se puede sentar conmigo. Y se ubica a mi izquierda, se sirve porrón y me pregunta que pasa. Y le cuento. Y el me cuenta sus desgracias. Y horas pasan ahí ubicados, ipertérritos al paso de las copas, con las moscas como testigos, con las cáscaras de maní haciendo montañas.
Y nos volvimos a encontrar el sábado a la tarde, para ver el partido del Marrón por la B Nacional, y el domingo para ver a Colón en primera. Y así seguir, viendo como algunos secuaces cuelgan los botines, pero siempre aparece otro. Dispuesto a compartir pedazos de vida en los bares de antaño.

viernes, 22 de enero de 2010

TRANSPIRANDO REFLEXIONES


Que epoca de intrascendencia esta. Las jodidas fiestas de fin de año, el cansancio en el que uno se ve envuelto en estos días y el tremendo verano, nos mecen en un sopor casi intolerable. Siempre y cuando nos demos cuenta de ello.

Y como nos dejamos arrastrar a eso? Será inevitable. El bombardeo es constante, hay un genio endemonidado adentro tuyo o fuera, en las calles, que te pide que te saques el cerebro y los dejes apestando a naftalina junto a la ropa de invierno en el placard más oscuro.

A veces hay que preguntarse si los artistas, los creadores, los amantes, los románticos, se dejan llevar por eso. La creatividad y las musas se toman vaciones? Tienen receso administrativo? No lo creo. Aunque la experiencia dicta lo contrario.

Es notable como el verano, junto con el calor y la cerveza helada, trajo consigo un cucurucho de helado que se pegó a la frente. Impidiendo una idea, obstaculizando la vista, chorrenado boludez hasta el hartazgo.

Y como un dedo metido en el congelador, la cabeza se entumece, la mente se anestecia, las neuronas se embrutecen al ritmo de la noche sin sentido, de las amistades pasajeras, de los vasos tufientos a bebida barata, a fernet con poca coca, a minas desbordadas en carne.

Pero esto no puede ser algo que dejemos que pase cada temporada. No puede tener la culpa el calendario, la madre naturaleza o el gobierno de turno. Sin lugar a dudas somos nosotros que nos dejamos ganar por este sopor, seguramente por una necesidad tremenda de dejar de pensar un poco, porque tenemos la cabeza del tamaño del Cilindro de Avellaneda.

Pero que pasará cuando el calentamiento global nos fría las ganas de algo distinto al pelotudeo de la mayoría mediocre? Todos nos convertiremos en una masa amorfa, o más bien con la forma de una ameba empacada llendo para el mismo lado, bailando el mismo reggeton de un ricachón, chupando de las mismas goteras de placer?

No me considero un artista, un creador, pero si quizá un amante o un romántico. Entonces no podía dejar vencerme por las vacaciones, que no me tomé, o por el receso adminstrativo, que disfruté a baldazos de alcohol.

Tuve un momento de quiebre, como en un partido donde vas cero a cero faltando cinco minutos y le echan un central al equipo rival. La tribuna ruge y todo el equipo cobra fuerzas para ir por la victoria como sea. Pero como queda claro, no es unicamente a través de los gritos del técnico.

Mi momento de conciencia no fue solo hasta que la barra brava empezó a cantar “esta noche cueste lo que cueste”, no vino hasta que un amigo de esos, me dijo, estas hecho un pelotudo. Y entonces comenzaron estas reflexiones. Porque me deje llevar? Porque me sumergí en esta tarambaneada? Y entonces me salió hacer un llamado a todos los que no nos dejamos.

No me considero un revolucionario contra la satisfacción veraniega, pero si creo que es necesario que no bajemos la guardia. Más que la guardia, que no nos desprotejamos en defensa, pero siempre miremos el arco rival. El juego lírico, el futbol que gusta, no se hace especulando, esperando el error ajeno, o esperando que el verano pase y las minas se pongan sweter.

Que no nos duerman las propagandas de telefonía, el pensamiento no tiene que tomarse licencia, los sentimientos auténticos no esperan el fin de la temporada, pueden ponerse bermudas y ojotas, pero no se tienen que torrar borrachos en un esterilla.

Estas reflexiones, hechas completamente sudado, no son más que un pedido de auxilio a mi musa inspiradora, no es más que una necesidad de terminar con esta anestecia en la que me vi hundido y de la que espero salir apartir de ahora. Porque no importa sufrir, si de ello sale algo hermoso. Porque no importa pensar cuando nadie piensa, si de ahí vienen los mejores proyectos. Porque no sirve de nada arder el verano si no nos movilizará la razón y la pasión.