viernes, 22 de enero de 2010

TRANSPIRANDO REFLEXIONES


Que epoca de intrascendencia esta. Las jodidas fiestas de fin de año, el cansancio en el que uno se ve envuelto en estos días y el tremendo verano, nos mecen en un sopor casi intolerable. Siempre y cuando nos demos cuenta de ello.

Y como nos dejamos arrastrar a eso? Será inevitable. El bombardeo es constante, hay un genio endemonidado adentro tuyo o fuera, en las calles, que te pide que te saques el cerebro y los dejes apestando a naftalina junto a la ropa de invierno en el placard más oscuro.

A veces hay que preguntarse si los artistas, los creadores, los amantes, los románticos, se dejan llevar por eso. La creatividad y las musas se toman vaciones? Tienen receso administrativo? No lo creo. Aunque la experiencia dicta lo contrario.

Es notable como el verano, junto con el calor y la cerveza helada, trajo consigo un cucurucho de helado que se pegó a la frente. Impidiendo una idea, obstaculizando la vista, chorrenado boludez hasta el hartazgo.

Y como un dedo metido en el congelador, la cabeza se entumece, la mente se anestecia, las neuronas se embrutecen al ritmo de la noche sin sentido, de las amistades pasajeras, de los vasos tufientos a bebida barata, a fernet con poca coca, a minas desbordadas en carne.

Pero esto no puede ser algo que dejemos que pase cada temporada. No puede tener la culpa el calendario, la madre naturaleza o el gobierno de turno. Sin lugar a dudas somos nosotros que nos dejamos ganar por este sopor, seguramente por una necesidad tremenda de dejar de pensar un poco, porque tenemos la cabeza del tamaño del Cilindro de Avellaneda.

Pero que pasará cuando el calentamiento global nos fría las ganas de algo distinto al pelotudeo de la mayoría mediocre? Todos nos convertiremos en una masa amorfa, o más bien con la forma de una ameba empacada llendo para el mismo lado, bailando el mismo reggeton de un ricachón, chupando de las mismas goteras de placer?

No me considero un artista, un creador, pero si quizá un amante o un romántico. Entonces no podía dejar vencerme por las vacaciones, que no me tomé, o por el receso adminstrativo, que disfruté a baldazos de alcohol.

Tuve un momento de quiebre, como en un partido donde vas cero a cero faltando cinco minutos y le echan un central al equipo rival. La tribuna ruge y todo el equipo cobra fuerzas para ir por la victoria como sea. Pero como queda claro, no es unicamente a través de los gritos del técnico.

Mi momento de conciencia no fue solo hasta que la barra brava empezó a cantar “esta noche cueste lo que cueste”, no vino hasta que un amigo de esos, me dijo, estas hecho un pelotudo. Y entonces comenzaron estas reflexiones. Porque me deje llevar? Porque me sumergí en esta tarambaneada? Y entonces me salió hacer un llamado a todos los que no nos dejamos.

No me considero un revolucionario contra la satisfacción veraniega, pero si creo que es necesario que no bajemos la guardia. Más que la guardia, que no nos desprotejamos en defensa, pero siempre miremos el arco rival. El juego lírico, el futbol que gusta, no se hace especulando, esperando el error ajeno, o esperando que el verano pase y las minas se pongan sweter.

Que no nos duerman las propagandas de telefonía, el pensamiento no tiene que tomarse licencia, los sentimientos auténticos no esperan el fin de la temporada, pueden ponerse bermudas y ojotas, pero no se tienen que torrar borrachos en un esterilla.

Estas reflexiones, hechas completamente sudado, no son más que un pedido de auxilio a mi musa inspiradora, no es más que una necesidad de terminar con esta anestecia en la que me vi hundido y de la que espero salir apartir de ahora. Porque no importa sufrir, si de ello sale algo hermoso. Porque no importa pensar cuando nadie piensa, si de ahí vienen los mejores proyectos. Porque no sirve de nada arder el verano si no nos movilizará la razón y la pasión.