Te hablo y no se si me estás escuchando. Estás despierta pero tus ojos solo me dicen que acá, conmigo, no estás. Te toco para ver si con alguna caricia mía reaccionás y me sacás la mano disgustada por el contacto. Te sacudo y nada.
Hago sonar el despertador rojo de lata que tanto odias y se le gasta la cuerda de girar. Y girar. Pongo a todo volumen el disco que tanto te gusta, los vidrios de las ventanas vibran, los perros del vecindario enloquecen, la vecina anciana me toca el timbre para quejarse. Y vos nada. Seguís en tu mundo. Donde estás?
Me voy hasta el living húmedo, me desaparramo en el sillón y prendo un pucho. Desde lejos me quedo obsarvándote y no entro en razón. No puedo creer verte así.
Despertate! Grito con todos mis pulmones y seguis inmutable.
Levantate! Y no me das ni un poco de bola.
Nunca fuiste de hacerme mucho caso, siempre tan rebelde, era cuestión que te dijera A para que hicieras W, X, Y o Z.
Me pareció a mi o moviste la mano? Estoy cada vez más loco, estás en la misma posición, pero el cansancio por no dormir y el agotamiento mental de tanto pensar en vos me hace alucinar.
Prendo otro pucho, empiezo a recorrer el pequeño ambiente de baldozas marrones, las cuento, trato de no pisar las uniones, juego una rayuela imaginaria. Se me cae la ceniza y me quedo mirando el montículo buscándole alguna forma.
Te miro de nuevo, me dio la sensación de que me llamaste. Pero nada. Esos gatos de mierda en el patio maullan como vos cuando me llamás a los gritos. Ustedes deben ser parientes, deambulan por el mundo, cantan por las noches, son extremadamente independientes, pero siempre tienen que tener donde ronronear y alguien que los mime un poco.
Te llamo despacito como si te estuviera hablando al oído y seguís sin atenderme. Prendo un pucho más y empiezan a saber a nada. Espero que no te enojes porque estoy liquidando el atado. Yo después me pego un pique al kiosko y compro uno de veinte.
Saltando de baldoza en baldoza voy hasta la heladera. Se me ocurrió algo brillante, voy a destapar esa cerveza que quedó de anoche, a ver si con el ruidito de la tapita logro acaparar tu atención.
Está bien fría, con escarcha en el envase como sabés que me gusta. Cumplo con el ritual de darle un beso a la botella, hago un surco en el hielo y le pego un trago largo.
Querés?
El único que me contesta es Bunbury que sigue diciendo que “entre dos tierras estás”. Se rayó el disco en esa parte? Me vas a matar!
Te observo detenidamente, que chiquitita sos. Tus piernas y brazos bien delgados, tu rostro grande y tus ojos enormes y azules. Ese pelo que tanto me gusta tiene un color indescifrable de tantas tinturas, pero yo se que es negro como el de una pantera.
Y no aguanto más, lloro. Y de rodillas me acerco a la cama y te agarro la mano. Y busco tus heridas entre las gazas y te insulto. Te digo de todo y lloro más. Y mis lágrimas te mojan las vendas. Y que egoísta soy.
Porque me hacés esto? Me costó tanto encontrarte y ahora te querés ir. Pensaste alguna vez todo lo que te quiero? Sabés cuantas cosas nos quedan por hacer? Sabés cuantas noches más van a haber? Tenés idea cuantas botellas tienen nuestros nombres y nos esperan?
Y te apreto tan fuerte que parece que te voy a romper, pero me aferro a vos y te sigo gritando. No te imaginás lo importante que sos amiga, no me abandones vos también. Hacelo por mi aunque sea, pensá en que vamos a tocar la guitarra y cantar temas todas las madrugadas.
Despertate carajo! Abrí los ojos y mirame! Mirame como estoy! Mirame y reíte de lo pelotudo que soy! Agarrame para la joda, no me importa, pero despertate y clavame una de esas risotadas tuyas! Despertate! Despertate!
Pero nada cambia. Y agarro ese filo inmundo y oxidado. Despertate! Despertate! Decime que te deje de joder. O sino soñemos juntos.
miércoles, 3 de marzo de 2010
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