Negro, tengo q confesarte que hay días que tengo ganas de cagarte a trompadas. Y una y mil veces pretendo juzgarte como a cualquiera, y vos negro, la verdad, que sos ininputable.
Te repito, hay días que te escucho y te quiero matar, que me rompo la cabeza tratando de convencer al corazón que ya no te quiera más, pero al rato siento que pase lo que pase vos ya me diste demasiado.
Y es cierto, hiciste más que varios por nosotros, por los que día a día corremos atrás de una pelota, que nos enfrentamos a más que once todas las semanas, y como dice un relator de radio, pedimos todas las noches que no le achiquen el arco a los sueños.
Debe ser por todo lo que diste, que todo el tiempo te pedimos algo, siempre de algún rincón algún alma desprotegida, a gritos de tribuna, ruega que vos salgas en su representación. Es así, no te dejamos vivir. En las reuniones de café los viejos demandan que te vayas del país, los de mediana edad te piden cordura y que dejes de ser quien siempre fuiste, los pibes te reclaman que nos refresques la memoria, los que nunca te vieron, te imploran perdón.
Pero negro, la verdad que esta es la última vez que te encargo algo. Me comprometo a decirle a todo el mundo que ya no te joda más, que vayamos preparando la nube con el pasaje pago al olimpo de los dioses y que ahí puedas estar tranquilo, comas asado, tomes vino, fumes habanos, hables al pedo; y que nadie te diga que estas gordo, que te estas haciendo mierda y que sos una vergüenza para la nación.
Sinceramente la propaganda de Swiss Medical me cagó, mucho de lo que te quería decir lo pusieron esos creativos que no se de donde carajo sacan las ideas. Pero asi es la vida, y seguro que esos son unos boludos que no pisaron nunca una cancha, sino es para ver a Depeche Mode.
Negro, si que te metiste en un lindo quilombo, podrías haber hecho cualquier cosa, pero decidiste bajar del pedestal del ídolo al barro de los Feinman, los Elio Rossi, los Niembro y toda esa manga de nadas, que nada hicieron.
Pero vos sabés que lo que te voy a pedir para vos es simple, regalanos la más grande de las sonrisas, como esa tarde en el Azteca, o esos días postrando Italianos.
Sabes que? A los más veteranos, poneles el tema del Mundial 90, y te puedo asegurar que cuando la tanita esa arranca con el “notti magiche!!..inseguendo un goal..sotto il celo…di un state italiana!!”, los vagos van querer comerse vivos hasta los banderines y van querer escribir esa historia de gloria con sus sangre y sus nombres.
Y a los más guachos, pateales la Play (de paso canuteate una y traela para casa) y poneles los videos de cuando desparramaste ingleses y brasileros, de tu tobillo, de que el morochito ese del video en blanco y negro sos vos, que pudiste cumplir ese sueño y ellos también. Deciles que vos queres que sean ellos los que tienen que quedar en los ojos de todos, tirando caños, gambetenando a Blater si es necesario y jugando con el brazo atado a la camiseta como el Tata Brown.
Para aquellos que por ahí se caigan y se dejen tomar por los que dicen que no se juega por la camiseta, y piensen que mejor son los euros y las minitas, contales que capaz sin saber que era el orgullo de un país, un volcán te hizo salir de adentro el “hijos de puta” ante todo el Olímpico de Roma, cuando chiflaban el himno. Y que eso, aunque los intelectuales puedan denostarlo, es sentido de pertenencia, de patria futbolera.
Esto es todo negro, sabé que en cualquier lugar del país, unos pibes se juntan a tomar una cerveza y seguro sale tu nombre. Y por más que haya chorros o metaleros, repartidores de pizza o marketineros, seguro se ponen de acuerdo en que sos lo más grande del mundo de la redonda, y aunque nadie lo crea, podes crecer más. Abrazo de gol, gordo!!! Nos vemos a la vuelta.
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