El anterior fue un mentiroso homenaje al chancho, personaje vilipendeado en el mundillo del metegol. Es blanco no solo de las cargadas por ser retacón, el más bajo de la cancha, tener las patas cortas y estar un poco fuera de línea respecto sus compañeros delgados y estilizados. Sino que además es el blanco donde apuntan todos los cañones. Este pobre tipo está atado a unos caños, con los ojos abiertos y el pecho al frente, sin ninguna posibilidad de esquivar lo balazos.
Es más, tiene que poner el cuerpo para evitar que caiga su vaya, aguantar lo que le tiren. No puede darse el lujo de no interponer su presencia ante la trayectoria del balón, si la pelota pasa, será más insultado que de costumbre. Ese es su destino.
Pero, vaya paradoja, es ul único dentro de la cancha individualizado, que se destaca de resto, físicamente y enunciativamente. Este debe ser su premio ante tantos sufrimientos, ante tanta condena de la historia de este fútbol a escala.
Todos los que están entre los límites de fundición, son NN, a veces tienen número, en cambio él, así de pequeño como se lo ve, se agiganta con nombre propio. Es el chancho.
Y generalmente cuando eso ocurre, cuando aparece “el chancho”, acompañado de la extensión de la última “o”, es en los pocos momentos en que se viste de héroe, por una salvada magistral, fruto de los reflejos de otros, por inmolarse ante un bombazo.
El chancho, este es el homenaje a ese jugadorcito. Y si, no es sincero, es mentiroso. El autor de estas palabras en varias ocasiones, ha lapidado a este hombrecillo de pies redondos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario